
En una entrevista publicada este 13 de marzo de 2026 por la BBC, Vincent Clerc, CEO de Maersk, describió el fuerte impacto que la guerra en Medio Oriente ya está teniendo sobre la operatoria marítima internacional. Según explicó, el cierre del estrecho de Ormuz, junto con la nueva interrupción de la ruta del Mar Rojo y el canal de Suez, está generando desvíos, acumulación de carga, presión sobre el abastecimiento y un aumento relevante en los costos logísticos.
Clerc sostuvo que, para Maersk, los efectos se dieron en tres planos casi simultáneos. El primero fue operativo y humano: proteger al personal, los activos y las instalaciones de la compañía en la región. En ese marco, indicó que la empresa tiene unos 6.000 colaboradores en el Golfo e Israel y que también quedó con 10 buques detenidos en la zona del Golfo superior tras el cierre del estrecho.
El segundo impacto estuvo vinculado a la carga en tránsito. Según explicó, Maersk mueve unas 40.000 unidades por semana hacia y desde el Golfo, por lo que el cierre de Ormuz obliga a redefinir rápidamente qué hacer con la mercadería que sigue navegando hacia esa zona. Clerc señaló que la capacidad disponible para almacenar o desviar carga es limitada y que, por esa razón, la compañía debió suspender temporalmente la aceptación de nuevas cargas con destino al Golfo hasta que el paso vuelva a abrirse.
Qué preocupa hoy a la logística y al comercio exterior
De acuerdo con lo planteado por Clerc, los principales focos de tensión son estos:
- Carga detenida o redireccionada: parte de la mercadería en tránsito necesita ser almacenada, devuelta a origen o incluso reenviada a otros destinos, según decidan los clientes.
- Perecederos y alimentos: el ejecutivo remarcó que hay productos que no pueden esperar demasiado tiempo sin riesgo de deterioro, especialmente alimentos.
- Menor previsibilidad en los tiempos: los cambios de ruta vuelven a alterar frecuencias y tiempos de arribo.
- Prioridades de capacidad: mientras dure la contingencia, la capacidad disponible se concentra en bienes considerados más urgentes.
En la entrevista, Clerc también se refirió a la situación del Mar Rojo. Recordó que el proceso de normalización de esa ruta, que había comenzado en diciembre, debió revertirse por razones de seguridad. Si bien reconoció que parte de la red todavía seguía operando por el cabo de Buena Esperanza, advirtió que la vuelta a esa alternativa sigue siendo disruptiva para muchos clientes, porque rompe la regularidad esperada de los servicios y puede afectar el abastecimiento de centros de distribución que dependen de arribos semanales.
Alternativas parciales, no sustitutos plenos
Consultado sobre la posibilidad de sostener flujos por vía terrestre, Clerc mencionó la apertura de corredores logísticos entre puertos del Mar Rojo, como Jeddah, y distintos destinos del Golfo. También señaló un mayor uso del transporte por carretera desde Omán hacia Emiratos Árabes Unidos.
Sin embargo, aclaró que esas soluciones no reemplazan la escala del transporte marítimo. Según dijo, sirven para priorizar bienes esenciales y evitar faltantes, pero no alcanzan para sostener al mismo nivel todos los movimientos industriales o exportaciones de productos como los petroquímicos.
Más costos para mover mercadería
Otro de los puntos centrales de la entrevista fue el costo. Clerc explicó que el encarecimiento del combustible ya se está trasladando mediante los mecanismos contractuales habituales de la naviera. En otras palabras, esas subas pasan a los clientes.
Además, agregó un segundo problema: no se trata solo de que el combustible esté más caro, sino de que puede no estar disponible en los puertos correctos. Por eso, Maersk también está evaluando cómo reposicionar combustible desde zonas donde sigue habiendo oferta suficiente hacia regiones donde podrían aparecer restricciones.
Sobre ese punto, Clerc estimó que, con la cautela propia de una situación muy cambiante, algunos costos de flete podrían aumentar entre 15% y 20%.
Sin plazos claros para una normalización
Hacia el final, el CEO de Maersk fue prudente respecto de los tiempos. Señaló que, por ahora, la situación está “más o menos bajo control”, pero advirtió que nadie sabe cuántos días o semanas pueden pasar hasta que el estrecho de Ormuz vuelva a operar con normalidad.
También consideró que una eventual escolta naval podría ofrecer un alivio temporal, siempre que la protección fuera realmente suficiente para resguardar buques y tripulaciones. De todos modos, dejó en claro que no ve ese camino como una solución permanente. Según planteó en la entrevista con la BBC, la normalización de fondo dependerá de que vuelva a garantizarse una navegación segura y libre en la zona.

